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España.- 11 de abril de 2009. Por Severo Moto Nsá. Los intereses económicos, tanto los del régimen tiránico que destruye las constantes vitales de Guinea Ecuatorial, como, especialmente, los de los poderosos extranjeros que desde siempre y particularmente, tras el grito atronador del petróleo, se mueven en torno a la vorágine de corruptelas que se vive en Guinea Ecuatorial, vienen marcando y definiendo tanto el pasado como el presente de nuestro país; con un tremendo esfuerzo de unos y otros por enlutar nuestro futuro de forma definitiva.
Al margen de todo prurito diplomático o cuidados políticos, que tampoco utilizan los depredadores (propios o ajenos) de Guinea Ecuatorial; como periodista y político que he hecho de la honestidad y la moralidad el santo y seña de mi trabajo (así me va, por intentar no ser corrupto…), tengo que ser muy claro y lo más objetivo posible.
Tengo que denunciar y denuncio: Es de dominio común que Guinea Ecuatorial, salió de un sistema de esclavitud; pasó por 150 años de colonización, y sufrió una descolonización que tanto los más culpables como los más inocentes o ajenos consideran como una autentica vergüenza, cuando no un “delito de lesa humanidad”. La descolonización de Guinea Ecuatorial, incruenta, y, por ello ajena a los designios de los propios guineoecuatorianos, truncó, por una parte, la colonización, y por lo mismo frustró las expectativas de futuro para el pueblo de Guinea Ecuatorial. Es decir, Guinea Ecuatorial no fue descolonizada…Nunca. Ciento cincuenta años de colonización sirvieron para que el pueblo guineano en sus más distintas facetas, tribus y etnias acabase configurándose como un pueblo eminentemente pacífico, hospitalario como todo pueblo africano, y colgado de los valores morales, espirituales y humanos como no podía ser de otro modo, en una colonia donde el Evangelio y los misioneros marcaron la principal impronta de su civilización. La idiosincrasia del pueblo guineano (150 años después de la colonización) no podría definirse sin los profundos aditamentos de la moralidad, el humanismo y la espiritualidad. No se le podía exigir al pueblo guineano que irrumpiese en la independencia y la libertad de forma cruenta, como ha sucedido en otros países africanos. Fue la gran suerte de los depredadores que dejaron colgada la descolonización. Ninguna potencia colonizadora de África se marcha definitivamente. Ninguna, descoloniza totalmente. Ninguna se vuelca en promover los valores y virtudes con la misma intensidad y a veces hasta violencia armada con la que promueven sus “intereses económicos”. La descolonización de Guinea Ecuatorial debe considerarse intencionadamente desastrosa. Para ello se valieron los supuestos “descolonizadores” precisamente de los valores que la educación cristiana, religiosa o evangélica había incrustado en el alma de nuestro pueblo. (De lo cual nunca debería arrepentirse nuestro país y sus gentes, ni siquiera a la hora de exigir hasta con violencia su descolonización real y sus libertades). Porque los que tanto denuncian la violencia del pueblo guineano a la hora de exigir nuestras libertades y derechos, son los que más violencia armada ejercen sobre nuestras libertades y derechos. El falso argumento-refugio con que se defienden los supuestos “descolonizadores” de Guinea Ecuatorial, diciendo: “Ya sois independientes, arregláoslas…”, no pasa de ser una simple excusa y justificación para ocultar la culpabilidad inherente al hecho nefasto de no haber descolonizado todavía nuestro país. Lo que a su vez queda probado cuando con gran desprecio y reto dicen: “¡Sin nosotros no podéis hacer nada!” Ese mismo hecho de no haber descolonizado todavía Guinea Ecuatorial, queda reflejado en la gran capacidad y extraño “derecho” que todavía se advierte en los “descolonizadores” de imponer a la fuerza, con métodos más o menos “sofisticados”, sobre todo urdidos, violentos y secretos, a las personas a las que quieren encargar de cuidar, proteger y dar continuidad a la nefasta “descolonización” que nos han impuesto. La descolonización de Guinea Ecuatorial ha acaba siendo una pura y llana ocupación militar. Sería casi normal, y así lo esperan y desean los incansables actores y protectores de la infumable descolonización en la que tienen enquistada a Guinea Ecuatorial, que los guineanos se olvidaran de la inexcusable y obligada voluntad de ser libres; a la vista de la imposibilidad en que nos han conducido con la alevosa y nocturna mala descolonización. La verdadera lucha que le toca al pueblo de Guinea Ecuatorial librar, es la lucha por la descolonización del país. Lucha que tiene dos evidentes frentes: El frente del tirano que, colocado por los falsos descolonizadores, por un golpe de estado; armado hasta los dientes, tiene por única misión ser gendarme militar de la colonia de Guinea Ecuatorial, para beneficio de otros... Por otra parte está el frente –alguien cree que imposible- de los falsos descolonizadores, que nutren de armas al tirano, lo blindan frente a todo grito de libertad, venden su imagen, a golpes de corrupción, ante la comunidad internacional, mientras ponen un bozal al resto del país, cuando no lo destruyen tanto dentro como en el exilio. Ambos, el tirano impuesto, y los falsos descolonizadores (confesos, nunca arrepentidos) juegan por igual el papel irrenunciable de cerrar las puertas a la libertad y al disfrute de los derechos humanos del pueblo de Guinea Ecuatorial. Esta es la característica de la falsa descolonización: La ausencia –por evitación forzosa- de LIBERTAD Y LOS DERECHOS HUMANOS. Es muy comprensible, si analizamos la categoría, calaña y “preparación” cultural de los curtidos colonizadores (Algunos han comenzado a aparecer en algunas páginas web… Nunca, ni tampoco ahora han creído que estos valores debieran ir más allá del colorcito de la piel, o de eso que han apodado “primer mundo”. En fin; centrándonos en la experiencia de Guinea Ecuatorial, al colono le resultó siempre y le sigue resultando harto difícil creer que los guineanos, en tanto que seres humanos (más de un colono cree profundamente todavía que no son humanos) son portadores de valores eternos y dignos de ser libres, y disfrutar de los derechos humanos. Por eso, al verse obligados por la ONU a truncar la colonización, a la nefasta y mal querida descolonización le llamaron “Independencia”; colocaron en la puerta de las libertades del pueblo guineano a Macías Nguema (“¡Para que escarmentéis!”- Amenazó un gran colono, indignado-). Después – siempre para dar continuidad al desastre de descolonización, han colocado, por un cruento golpe de estado, al sobrino de Macías Nguema: Obiang Nguema. Hoy, como si las turbulentas aguas de la libertad y de los derechos humanos del pueblo guineano se fueran concentrando hacia un único canal bifásico, nos encontramos con que estas aguas empujan, por una parte, hacia el descomunal rechazo mundial y popular al tirano Obiang Nguema, quien (antes con su tío Macías, luego en solitario), ha culminado más de 40 años de tiranía contra el pueblo de Guinea Ecuatorial, castigando sus ansias de libertad y disfrute de sus derechos, con asesinatos, desapariciones y una imparable cadena de presos y exiliados políticos. Estas mismas aguas chocan contra los nefastos “descolonizadores” que pugnan por la consolidación del sistema, sea “reciclando” a Obiang Nguema para introducirlo en la IDC (Internacional Demócrata de Centro); sea situando en el sillón de la tiranía a su hijo o esposa; o simplemente imponiendo al mejor protector de la desastrosa descolonización. El pacto de sangre por el que el tirano Obiang Nguema regala o comparte sus mujeres, hijas o sobrinas con prominentes hombres del mundo de los “descolonizadores”, supera cualquier pacto con el mismísimo diablo. Los yernos de Obiang Nguema, forman un “lobby” que además del “derecho de pernada” y de “entrepierna” disfrutan de ingentes cantidades de dinero para frenar cualquier susto a Obiang Nguema y ahogar las voces de la libertad del pueblo guineano. La más clara, a la vez destructora característica del imperdonable proceso ininterrumpido de mala descolonización es, sin lugar a dudas, el propósito de “hacer Guinea Ecuatorial, sin los propios guineanos”. Todavía más pérfido, si cabe, es el plan y propósito de los nefastos “descolonizadores” de evitar, conjurar y, si es posible, matar a todo resquicio de inteligencia, preparación cultural o dignidad advertida entre los colonizados. El principal criterio para seleccionar a los colonizados es el de ser “¡Buen muchacho!” –curtido término colonial… Por eso la condición absolutamente imprescindible para contar con algún guineano, es que este sea como Macías Nguema, como Obiang Nguema o pariente de alguno de ellos. El resto de guineanos diferentes o distantes de ese modelo, son sistemáticamente desoídos, deleznables, desechados, cuando no eliminados hasta físicamente. (¡Croacia!). En esta tarea se han movido, entregado y centrado los que ni piensan ni creen en las libertades del pueblo guineano. En esta tarea están los que se dedican a conjurar los esfuerzos del pueblo guineano por desembarazarse de Obiang Nguema y de la tiranía. Sus nombres, ni hace falta reproducirlos aquí. Ya han comenzado a circular por los periódicos, Internet, You Tube y páginas Web, etc. Su Santidad el Papa Benedicto XVI, en su viaje a África, acaba de soltar un sonoro aldabonazo en las conciencias obstruidas de los falsos “descolonizadores” de África –y de Guinea Ecuatorial, desde luego-. Barack H. Obama, impoluto afroamericano, elevado a la presidencia del Olimpo de las libertades, los Estados Unidos de América, viene golpeando las conciencias de viejos “descolonizadores” de África (y de Guinea Ecuatorial, claro). El pueblo español (al que se esconde y prohíbe toda información sobre África (y sobre Guinea Ecuatorial también) reclama luz y taquígrafos a los empedernidos “descolonizadores”… El propio pueblo de Guinea Ecuatorial viene reclamando a España (a los “descolonizadores”) que completen, o nos dejen completar la descolonización. La descolonización de Guinea Ecuatorial solo se completará cuando se produzca eso que tanto duele a los “descolonizadores”: La expulsión y destrucción del poder tiránico, del que se valen y cuelgan los falsos “descolonizadores”, y la celebración de unas elecciones libres y democráticas. ¡Miren con qué resquemor, rabia y nula gana ayudan y animan a Obiang Nguema a no convocar y celebrar unas elecciones libres, transparentes y justas, o simplemente se callan o ralentizan las exigencias de otros países y potencias que sí exigen el fin de la tiranía en Guinea Ecuatorial a los responsable de la mala descolonización de nuestro país. Los veo atrincherados detrás de la pantalla diciéndonos con tono de reto y burla: “Es asunto vuestro. Ya sois independientes. A ver si sois capaces de acabar con la tiranía. A ver si sois capaces de forzar unas elecciones libres y democráticas”. Mientras tanto blindan a la tiranía con las armas. Ven y “constatan ciertos avances democráticos” en la tiranía; obstruyen, silencian y aíslan a la oposición; dicen a los Estados Unidos de América que no se preocupen… que ya se arreglará todo…en Guinea Ecuatorial. A unos nos dejan suspendidos como suculentas patas de jamón (para seguir chupando... )en una nefasta descolonización. A otros, desgraciadamente, ni los descolonizan. El camino es muy largo y tortuoso; pero no por eso vamos a dejar, siquiera de exigir que se asuma(si son capaces) la responsabilidad adquirida por cada uno. Ya que se reconoce pública y privadamente que Guinea Ecuatorial fue defectuosamente, nefastamente, maliciosamente descolonizada, es decir que aún no está descolonizada (lo que los afectados vemos y sufrimos con palmaria claridad) nunca dejaremos de exigir que se descolonice de una vez a nuestro país y a nuestro pueblo. Lo que ni significa que abandonen y huyan a la espantada de nuestro país, ni que se les vaya a expulsar (cosa que nunca ha sucedido); pero tampoco significa seguir manteniendo la nebulosa de la “materia reservada” que solo beneficia a los depredadores. Si descolonizar significa dejar libre, dejar decidir, respetar al pueblo descolonizado, tenemos que gritar que hasta que esto se produzca en Guinea Ecuatorial no dejaremos en paz a nadie. Son, simplemente, los efectos de una falsa descolonización. La solución pasa obligadamente por promover, exigir, imponer la celebración de unas elecciones libres y democráticas en la colonia. A ello dedicaré mi próximo artículo; como este, libre de ataduras, remilgos y caretas diplomáticas. Estoy en un país libre y democrático llamado España. Soy fruto y resultado de una falsa descolonización. Soy el efecto de una descolonización malintencionadamente suspendida. Solo cambiaré si la descolonización de Guinea Ecuatorial culmina, finalmente en la democratización de mi país.
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